
Esta pregunta tiende a crear acaloradas polémicas en aquellos profesionales que se aventuran en el fascinante mundo de la aviación no tripulada o drones y taxis aéreos, como se les conoce comúnmente.
Un grupo de expertos se inclina a pensar que la tecnología va a empujar a la regulación y hacer inevitable el cambio de curso de esta, obligando a los burócratas a ver la luz y permitir ciertas tecnologías en el espacio aéreo nacional (NAS). El otro lado de esa misma moneda, lo forman otro grupo de profesionales que piensan que la tozudez de los funcionarios de las autoridades de aviación civil, es lo que está dilatando la adopción de estas tecnologías y por lo tanto o no lo intentan o esperan la regulación para invertir e innovar.
Esta controversia es normal en toda tecnología disruptiva y lo hemos visto y leído en cantidad de otros ejemplos a través de la historia. Cuando surgieron los primeros carruajes sin caballos, de donde viene la palabra carro o coche, algunas municipalidades obligaban a estas amenazas con ruedas a tener a un hombre con una bandera roja que caminara adelante del vehículo cada vez que este entraba en el perímetro de la ciudad.
¿Honestamente creemos que esto distrajo o disuadió a Henry Ford a abandonar la idea de crear la manufactura en línea de producción? Por el contrario, Ford entendió perfectamente que mientras más coches hubiese en las calles, más difícil sería obligar a cada uno a tener un ayudante con bandera roja delante y tenía razón.
Lo mismo vimos con la aviación tripulada a principios del siglo 20 cuando los primeros aviones biplanos empezaron a cruzar los cielos a bajas alturas, aterrorizando a la población que desconocía la proveniencia de esas amenazas volantes. La proliferación de fabricantes de aviones y la cantidad inmensa de accidentes en los primeros años de la aviación tripulada, obligó a los diferentes gobiernos federales en el mundo entero a crear nuevas agencias que controlaran el negocio de la aviación y es así como nacen la Administración Federal de Aviación – FAA en USA, las diferentes agencias europeas que eventualmente derivaron en la actual agencia de seguridad aérea de la unión europea EASA y cientos de otras alrededor del mundo.

Todas estas oficinas tienen un mandato principal: asegurarse de que el espacio aéreo sobre el país sea seguro y garantice al público que utiliza los servicios de transporte aéreo, un viaje seguro y libre de accidentes por desidia o descuido. Accidentes por causas mecánicas o de mal tiempo son casi inevitables, pero estas agencias se han encargado por décadas de establecer reglas y normas que disminuyan el número de accidentes por mediocridad del personal, agotamiento de este y falta de un mantenimiento adecuado de las aeronaves.
Desafortunadamente para estas agencias, de pronto en la primera década del siglo 21 aparecen unas aeronaves que no requieren el piloto a bordo y esto crea una especia de crisis existencial en el personal de estas agencias que de repente se encuentran a cargo de un negocio que no entienden y que amenaza con acabar con el récord casi perfecto de seguridad aérea en el país.
¿Podemos reprochar a estos empleados públicos que hayan reaccionado de manera cautelosa y si se quiere a la defensiva? No, la verdad es que no. La mayoría de nosotros hubiésemos reaccionado igual, defendiendo nuestro trabajo y creando barreras de entrada casi insalvables a esta nueva tecnología, de manera de retrasar los más posible lo inevitable.
Casos como la Aeronáutica Civil la agencia que regula la aviación civil en Colombia, son un ejemplo de como un país que está interesado en ser pionero de esta nueva industria, crea las condiciones regulatorias correctas para permitir que se desarrollen negocios y se creen nuevas fuentes de trabajo.
En Colombia se designó a un experto piloto de aviación tradicional, el Sr. Robert Quiroga, a que fuese responsable de la integración de la aviación tripulada y no tripulada sobre los cielos colombianos y lo primero que hizo fue dedicar tiempo a entender esta nueva industria.
Robert, quien es piloto de Boeing 737 y coronel retirado de la fuerza aérea colombiana, es un amante a tiempo completo de la aviación, ya sea tripulada o no tripulada y su filosofía es que si es posible integrar de forma segura las dos modalidades con una regulación que permita la una mientras que mantenga el récord de seguridad de la otra.
A mediados de 2023, Robert liderizó el grupo de funcionarios de la Aeronáutica Civil que lanzaron el RAC 100, la regulación de aviación no tripulada de Colombia.
En nuestra opinión, el RAC 100 es un ejemplo perfecto de una regulación de drones que está orientada a fomentar la industria y promover el uso comercial de la aviación no tripulada. Por el contrario, entes reguladores como la FAA, EASA y cientos de otras alrededor del mundo se han dado a la tarea de establecer regulaciones que tienden a penalizar el uso de drones y no necesariamente promover su introducción a la vida cotidiana.
Es por esto que pensamos que el rol primordial de cualquier agencia federal de aviación civil es la seguridad del público que utiliza esta modalidad de transporte para ir de punto A, a punto B, sin embargo, en aras del progreso y de la enorme contribución fiscal, ambiental y de nuevos empleos de esta novedosa aviación, pensamos que una revisión urgente de las regulaciones actuales, sin socavar la seguridad de la aviación tradicional, es urgente y necesaria.
Alentamos a las agencias que regulan la aviación civil en el mundo entero a revisar el RAC 100 de Colombia y a consultar con el Sr. Robert Quiroga acerca de su esfuerzo para integrar aviación tripulada y no tripulada y los resultados de su gestión a un año de la implementación de esta novedosa ley.
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Juan B. Plaza
www.plaza.aero
@dronesyaviones


